domingo, 12 de febrero de 2017

El dolor y el deseo son un par de caballos



El dolor y el deseo son un par de caballos
que te miran de pie,
en la cocina.

Cuarenta y ocho horas
y lo dejan todo perdido.
Estiércol.
Paja.
Orina.

Les dices que se vayan
         y no se mueven.

Con una brizna de hierba
en la boca,
te observan sin parpadear.

Cabalgan mientras duermes,
dormitan todo el día.

Contemplan el cielo, abstraídos,
haya o no haya luna.

Aprendí
que a los caballos y a los perros
hay que darles todas las vueltas posibles
sin que toquen el suelo
y marearlos,
y agotarlos.

Afortunadamente,
el dolor y el deseo
se llevan bien.

A veces los confundo, virginales y oscuros.

A veces, si no los miro,
             desaparecen.



"Marzo"
© 2015 Esther González.
Imagen: "Caballos". Logan Cole (via @kulturtava)

sábado, 4 de febrero de 2017

A Jose, ya hace un año



La última vez que te vi fue en otro entierro, y declinaste con rubor el ofrecimiento de acercarte a casa; desapareciste por una trocha que sólo tú conocías


Fui a ver a tu madre, recorrí con mis primas la casa de la niñez.
Subí la cuestecita donde me embistió aquella vez una cabra, y vi la cabeza de un perro encadenado en la esquina de la vieja panera.


Tu enorme Toby, siempre atado porque se tira a lamer a la gente, no porque muerda.


Nos perdimos buscando el cementerio. Fue como un “enterramiento en el cielo”, en los mismísimos Jardines de Babilonia, jardines de lápidas: Había que subir todas las escaleras a lo largo de una colina, tu sepultura queda arriba del todo.
Luego, sólo una verja.


En Google hallé una única entrada con tu nombre, que ya no se encuentra, la de tu fallecimiento.

Toby continúa esperándote.
Mirando fijamente el camino.  

                                                                                A Jose