domingo, 11 de diciembre de 2016

"Mar de Bering".



Musgo que me abrigas,
brezo azul que calzas mis pisadas,
cielo y bruma que adornas mi cabeza,
río que corres a la par del camino.

Busco la estrella de Sur
en las mujeres recostadas que forman las montañas
cubiertas de bosques y helechos.

La estrella del Sur
sobre las mujeres adormecidas junto al río y la casa,
embravecidas por un mar de arbustos
o sedosas como su piel de musgo.

Entonando cánticos que yo no escucho
bajan los árboles solitarios por sus caderas
hasta el lecho del río.

El agua es más caliente en las riberas
donde posan sus pies las mujeres dormidas
y anidan los animales que vuelan.


Mar de Bering. Mujeres, naturaleza y diosas.
Ed. digital © 2016 Esther González
Publicado en Amazon: goo.gl/fnxWuA


“Mar de Bering” son poemas de un tiempo más joven y virginal, poemas traídos por la naturaleza de las montañas y de los ríos; cuando los ojos bebían las curvas suaves del agua, buscaban seres alados y la boca leía despacio las descripciones del Libro de Kells o de la Vaca Parda.

Es una forma de decirte que son poemas nacidos del contacto directo con la naturaleza, de la observación y compañía de otros animales; de "re-ligarse" con las tradiciones orales celtas.

Dicen que el Mar de Bering cubre en la actualidad un puente de tierra que existió, hace miles de años, entre dos continentes.
Evocar ese nombre sonoro (Bering) y ese todo (Mar) quizá significaba para mí un algo desconocido,  que sólo se puede vadear con los pies desnudos y la verdad muy cerca: en el filo de los ojos y en la mano extendida, muchas veces, a tientas.

Naturaleza y espiritualidad, experiencia y evocación también están unidos.
Disfruta lo que haya para tí entre estos versos.
Esther González