sábado, 4 de marzo de 2017

Cuando las piedras pronuncian mi nombre




El cuerpo pregunta, y yo le respondo
que fui oscuridad, estrella, polvo;
que es cierto que habité
en los tallos de las plantas, en sus raices;
que me deslicé como gota de agua
por los precipicios de las chorreras.

Que sólo estoy dentro
y tiemblo de emoción
cuando las piedras
pronuncian mi nombre secreto,
mi nombre de metal,
para recordarme de dónde vengo
y así, no me pierda.


"Mar de Bering. Mujeres, naturaleza y diosas"
Ed. digital © 2016 Esther González
En Amazon: goo.gl/fnxWuA




“Mar de Bering” son poemas de un tiempo más joven y virginal, poemas traídos por la naturaleza de las montañas y de los ríos; cuando los ojos bebían las curvas suaves del agua, buscaban seres alados y la boca leía despacio las descripciones del Libro de Kells o de la Vaca Parda.

Es una forma de decirte que son poemas nacidos del contacto directo con la naturaleza, de la observación y compañía de otros animales; de "re-ligarse" con las tradiciones orales celtas.

Dicen que el Mar de Bering cubre en la actualidad un puente de tierra que existió, hace miles de años, entre dos continentes.
Evocar ese nombre sonoro (Bering) y ese todo (Mar) quizá significaba para mí un algo desconocido,  que sólo se puede vadear con los pies desnudos y la verdad muy cerca: en el filo de los ojos y en la mano extendida, muchas veces, a tientas.

Naturaleza y espiritualidad, experiencia y evocación también están unidos.
Disfruta lo que haya para tí entre estos versos.
Esther González

domingo, 12 de febrero de 2017

El dolor y el deseo son un par de caballos



El dolor y el deseo son un par de caballos
que te miran de pie,
en la cocina.

Cuarenta y ocho horas
y lo dejan todo perdido.
Estiércol.
Paja.
Orina.

Les dices que se vayan
         y no se mueven.

Con una brizna de hierba
en la boca,
te observan sin parpadear.

Cabalgan mientras duermes,
dormitan todo el día.

Contemplan el cielo, abstraídos,
haya o no haya luna.

Aprendí
que a los caballos y a los perros
hay que darles todas las vueltas posibles
sin que toquen el suelo
y marearlos,
y agotarlos.

Afortunadamente,
el dolor y el deseo
se llevan bien.

A veces los confundo, virginales y oscuros.

A veces, si no los miro,
             desaparecen.



"Marzo"
© 2015 Esther González.
Imagen: "Caballos". Logan Cole (via @kulturtava)

sábado, 4 de febrero de 2017

A Jose, ya hace un año



La última vez que te vi fue en otro entierro, y declinaste con rubor el ofrecimiento de acercarte a casa; desapareciste por una trocha que sólo tú conocías


Fui a ver a tu madre, recorrí con mis primas la casa de la niñez.
Subí la cuestecita donde me embistió aquella vez una cabra, y vi la cabeza de un perro encadenado en la esquina de la vieja panera.


Tu enorme Toby, siempre atado porque se tira a lamer a la gente, no porque muerda.


Nos perdimos buscando el cementerio. Fue como un “enterramiento en el cielo”, en los mismísimos Jardines de Babilonia, jardines de lápidas: Había que subir todas las escaleras a lo largo de una colina, tu sepultura queda arriba del todo.
Luego, sólo una verja.


En Google hallé una única entrada con tu nombre, que ya no se encuentra, la de tu fallecimiento.

Toby continúa esperándote.
Mirando fijamente el camino.  

                                                                                A Jose



domingo, 22 de enero de 2017

Ser mar azul, viento...







“Mi amor está en los mares”. Viejo Whitman.
Ser mar azul de nuevo
viento sur que guía a la inocencia
donde estás tú
y yo    y ese silencio que somos.


"Marzo"
© 2015 Esther González.


viernes, 6 de enero de 2017

Cierva blanca, perro verde, loba azul





Con tus patas golpeas la tierra
para preparar mi sueño.

Oh cierva blanca
perro verde
loba azul.

Hacia mí galopa Epona,
sus cascos me atraviesan
levantando un aire fuerte
lleno de polvo y hierba.

Brigit, la de los pozos,
la de las tres cabezas,
lava su pelo en cada jarra de agua
que bebo.

Madre Eire cuida de mí
desde la punta de mi pie más largo
hasta el último de mis cabellos.

Cierva blanca
perro de la pradera verde
loba azul y solitaria.


Mar de Bering. Mujeres, naturaleza y diosas.
Ed. digital © 2016 Esther González

Publicado en Amazon:


lunes, 26 de diciembre de 2016

Cómo son tus montañas




[Te] [preguntaría]
cómo son tus montañas.

Y me dirías
que pequeñas
suaves 
debajo de una sábana de algodón
debajo de la dermis y la epidermis
de la arteria torácica
de los paraesternales
de la fascia profunda
del epitelio pigmentario
de lo mesenquimal
del estrato basal
de la hipodermis
de los corpúsculos de Meissner.

Yo no podría dormir
sabiendo que no duermes
porque el viento azota los cristales de tu casa.

Y la Luna quiere saber
de mi boca
de tu boca
cómo son
tus montañas.


"Bolsillos en las piedras" 
© 2016 Esther González
Fotografía: "The Paps of Anu", Kerry, Irlanda.

domingo, 11 de diciembre de 2016

"Mar de Bering".



Musgo que me abrigas,
brezo azul que calzas mis pisadas,
cielo y bruma que adornas mi cabeza,
río que corres a la par del camino.

Busco la estrella de Sur
en las mujeres recostadas que forman las montañas
cubiertas de bosques y helechos.

La estrella del Sur
sobre las mujeres adormecidas junto al río y la casa,
embravecidas por un mar de arbustos
o sedosas como su piel de musgo.

Entonando cánticos que yo no escucho
bajan los árboles solitarios por sus caderas
hasta el lecho del río.

El agua es más caliente en las riberas
donde posan sus pies las mujeres dormidas
y anidan los animales que vuelan.


Mar de Bering. Mujeres, naturaleza y diosas.
Ed. digital © 2016 Esther González
Publicado en Amazon: goo.gl/fnxWuA


“Mar de Bering” son poemas de un tiempo más joven y virginal, poemas traídos por la naturaleza de las montañas y de los ríos; cuando los ojos bebían las curvas suaves del agua, buscaban seres alados y la boca leía despacio las descripciones del Libro de Kells o de la Vaca Parda.

Es una forma de decirte que son poemas nacidos del contacto directo con la naturaleza, de la observación y compañía de otros animales; de "re-ligarse" con las tradiciones orales celtas.

Dicen que el Mar de Bering cubre en la actualidad un puente de tierra que existió, hace miles de años, entre dos continentes.
Evocar ese nombre sonoro (Bering) y ese todo (Mar) quizá significaba para mí un algo desconocido,  que sólo se puede vadear con los pies desnudos y la verdad muy cerca: en el filo de los ojos y en la mano extendida, muchas veces, a tientas.

Naturaleza y espiritualidad, experiencia y evocación también están unidos.
Disfruta lo que haya para tí entre estos versos.
Esther González